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Valencia da el paso definitivo para proteger la huerta: el PGOU se adapta al plan territorial autonómico

La comisión de Urbanismo aprueba provisionalmente la integración del Plan de la Huerta en el planeamiento municipal

La huerta de Valencia da un paso jurídico de enorme calado. Este miércoles, la Comisión Municipal de Urbanismo, Parques y Jardines, Espacios Naturales y Mejora Climática ha aprobado provisionalmente la adaptación del Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) al Plan de Acción Territorial de Ordenación y Dinamización de la Huerta de València, conocido por sus siglas PATODHV. El documento sale ahora de la esfera municipal y viaja a la Conselleria competente en materia de territorio y paisaje, que deberá darle el visto bueno definitivo.

adaptación del PGOU de València al Plan de la Huerta

Para quien no esté familiarizado con el lenguaje urbanístico, la traducción es sencilla: hasta ahora, los terrenos de huerta dentro del término municipal de Valencia vivían en una especie de limbo legal, atrapados entre las normas de un Plan General aprobado en 1988 y las determinaciones de un plan territorial autonómico mucho más reciente. Esa convivencia de dos marcos normativos distintos generaba incertidumbre para propietarios, agricultores y para los propios servicios municipales a la hora de decidir qué regla aplicar en cada parcela. Con esta adaptación, ese conflicto desaparece.

Qué cambia y qué no cambia para los vecinos

El primer mensaje que conviene subrayar es lo que no ocurre con esta aprobación: la huerta no se urbaniza. No se crea ningún suelo urbanizable nuevo, no se abre la puerta a promociones residenciales en los campos y no se modifica la ordenación agrícola existente. Lejos de eso, la adaptación refuerza la protección.

Lo que sí cambia es el marco legal que regula esos suelos. El nuevo instrumento sustituye las normas de hace casi cuatro décadas por un modelo del siglo XXI que combina tres pilares: protección del territorio y el paisaje, dinamización de la actividad agraria y recuperación compatible del patrimonio construido. Esto último es especialmente relevante para quienes tienen edificaciones históricas en la huerta —barraques, alquerías, corrales— que hasta ahora se encontraban en una situación jurídica complicada a la hora de rehabilitarlas o mantenerlas.

Para el vecino que cultiva o pasea por la huerta periurbana de Valencia, la consecuencia práctica es mayor claridad: sabrá con certeza qué puede hacer y qué no puede hacer en cada parcela, sin necesidad de consultar dos normativas que a menudo se contradecían. Y para el conjunto de la ciudad, la huerta deja de ser un espacio que Valencia gestiona como si fuera una isla, y pasa a integrarse en una visión compartida con los municipios del entorno metropolitano.

Un proceso largo que ahora llega a su recta final

Este trámite no ha surgido de la noche a la mañana. El expediente ha pasado ya por el periodo de información pública, durante el cual cualquier ciudadano, entidad o administración pudo presentar alegaciones e informes. Todas esas aportaciones han sido estudiadas y valoradas antes de que la comisión diera luz verde a la aprobación provisional. Ahora le toca el turno a la Generalitat, que es la administración que tiene la última palabra.

La decisión conecta además con una visión territorial que el propio Plan General de 1988 ya intuía: la huerta de Valencia no entiende de límites municipales. Es un espacio agrícola, paisajístico y ambiental que se extiende por decenas de municipios del área metropolitana, y gestionarla de forma coherente exige que todos compartan un mismo marco de referencia. Con esta adaptación, Valencia se suma definitivamente a esa lógica metropolitana.

El interés por preservar los espacios naturales y agrarios periurbanos no es nuevo en la ciudad. el Consell Agrari de València ya destinó más de 860.000 euros a mantener limpios los caminos y parcelas de la huerta durante los próximos cinco años, una señal de que la apuesta institucional por este territorio va más allá de los documentos urbanísticos.

El valor de la huerta: mucho más que agricultura

Conviene recordar que la huerta de Valencia no es únicamente un espacio productivo. Es un paisaje cultural reconocido, un sistema de regadío histórico que tiene en el Tribunal de las Aguas su expresión más conocida a nivel mundial, y un pulmón verde que regula el microclima de la ciudad. Perderla o dejarla degradar por falta de un marco jurídico claro tendría consecuencias ambientales, económicas y turísticas difíciles de revertir.

En ese sentido, la adaptación del PGOU no es un trámite burocrático menor. Es la pieza que faltaba para que la protección de ese espacio tenga respaldo legal sólido a escala municipal, complementando lo que ya hace el plan territorial autonómico a escala regional.

La ciudad sigue avanzando en materia urbanística en varios frentes simultáneos. Mientras la huerta gana seguridad jurídica, otros barrios como el Cabanyal mantienen activos dispositivos de protección del litoral, y grandes arterias como la Gran Vía del Marqués del Túria recuperan su pavimento tras décadas de espera, señales de que la transformación urbana de Valencia avanza en múltiples direcciones al mismo tiempo.

Los próximos pasos

Una vez que la Conselleria recibe el expediente, el proceso entra en su fase final. La administración autonómica analizará el documento y, si no detecta problemas, emitirá la aprobación definitiva. Solo entonces el nuevo marco normativo entrará en vigor de forma plena y la huerta de Valencia contará por fin con una regulación actualizada, coherente y compartida con el resto del territorio metropolitano.

Mientras tanto, la aprobación provisional de este miércoles supone un hito relevante en la historia urbanística reciente de la ciudad: el reconocimiento formal de que la huerta merece una protección del siglo XXI y de que Valencia asume su responsabilidad como guardiana de uno de los paisajes agrícolas más singulares del Mediterráneo. También es una buena noticia para quienes llevan años reclamando certeza jurídica sobre sus tierras y construcciones en ese entorno. La ciudad, en definitiva, hace los deberes con su entorno natural más próximo. Iniciativas como la recuperación de galápagos en la Marjal dels Moros muestran que la protección del entorno natural valenciano avanza en varios frentes a la vez, con la huerta como pieza central de esa estrategia.