Vida ciudadana

Nueve niños saharauis pasan el verano en Valencia gracias al programa ‘Vacances en Pau’, que cumple 30 años

El calor del desierto argelino, con temperaturas que superan los 50 grados en pleno julio, contrasta radicalmente con el ambiente mediterráneo que nueve niños y niñas saharauis respirarán este verano en Valencia. Son los participantes del programa ‘Vacances en Pau’, una iniciativa humanitaria que este año alcanza su trigésima edición y que permite a menores procedentes de los campamentos de refugiados de Tinduf disfrutar de una estancia temporal con familias valencianas voluntarias.

El Ayuntamiento de Valencia formalizó ayer la bienvenida oficial a estos nueve pequeños en el Salón de Cristal del consistorio, en un acto que reunió a representantes institucionales, a la asociación gestora del programa y, sobre todo, a los propios niños junto a sus familias de acogida. Un encuentro cargado de simbolismo que pone rostro a una colaboración municipal que se remonta a 1996, es decir, que lleva casi tres décadas siendo parte de la agenda solidaria de la ciudad.

¿En qué consiste exactamente el programa y qué supone para Valencia?

Para el vecino de Valencia que no conoce la iniciativa, el funcionamiento es sencillo pero de gran impacto humano: familias de la ciudad se ofrecen voluntariamente a acoger en sus hogares durante los meses de verano a menores saharauis que, de otro modo, pasarían el estío en condiciones extremas en los campamentos de refugiados de Tinduf, en el sur de Argelia. Allí, la falta de recursos médicos, la escasez alimentaria y el calor extremo son la norma.

Gracias a la acogida en Valencia, estos niños pueden acceder a revisiones médicas, recibir una alimentación equilibrada y adaptada a sus necesidades —algo especialmente relevante para casos como el de Fatma, una de las participantes, que es celíaca y en su hogar de acogida encuentra los productos adecuados para su dieta— y, en definitiva, vivir unos meses con condiciones de vida muy distintas a las habituales.

El programa está gestionado en Valencia por la asociación Al-Adala, con el respaldo de la Delegación Saharaui en la Comunitat Valenciana. La colaboración económica del Ayuntamiento se concreta en una subvención nominativa anual de 15.000 euros, articulada a través de un convenio renovado en 2025 con una vigencia de dos años, prorrogable por otros dos. Un apoyo que, aunque modesto en términos presupuestarios, resulta fundamental para sostener la logística del programa.

Más allá del verano: sensibilización y apoyo a quienes se quedan

El proyecto no se agota en la estancia temporal de los menores. El convenio suscrito con Al-Adala también contempla acciones de sensibilización ciudadana destinadas a dar visibilidad a la situación de los campamentos saharauis, así como apoyo en alimentación básica para las familias de los niños y niñas que, por distintas razones, no pueden viajar. Una dimensión menos visible pero igualmente importante del compromiso municipal.

Este tipo de iniciativas forman parte de una apuesta más amplia del consistorio valenciano por los derechos sociales y la cooperación internacional, en línea con otros proyectos de atención a colectivos vulnerables que el Ayuntamiento viene impulsando. De hecho, la atención a personas en situación de exclusión es uno de los ejes recurrentes de las políticas sociales locales.

Las voces del acto: gratitud y un llamamiento a sumarse

La concejala de Bienestar Social, Marta Torrado, presidió la recepción y dirigió unas palabras a los niños y niñas recién llegados, animándolos a disfrutar de la ciudad, conocer a otros menores y aprovechar los servicios sanitarios valencianos. Torrado aprovechó también para agradecer públicamente a las familias acogedoras su implicación, reconociendo que son ellas el verdadero motor del programa.

Por su parte, el delegado del Pueblo Saharaui en Valencia, Mani Yacub, subrayó el valor de que hogares valencianos abran sus puertas a niños nacidos en los campamentos y destacó la solidaridad histórica del pueblo valenciano con la causa saharaui. En el acto también intervino Fatma, una de las participantes, que se convirtió en la voz más emotiva de la jornada al relatar en primera persona las condiciones de vida en los campamentos —el calor insoportable, los mosquitos, la escasez de alimentos y medicamentos— y al hacer un llamamiento directo para que más familias valencianas se animen a participar el próximo año.

Estuvieron presentes, además, el secretario autonómico de Bienestar Social, Ignacio Grande, y la presidenta de Al-Adala, Sarai Vicente, lo que refleja la implicación de distintos niveles de la administración en el sostenimiento de este programa.

Treinta años de solidaridad que siguen siendo necesarios

Que el programa cumpla tres décadas en 2026 no es un detalle menor. Significa que generaciones de niños saharauis han pasado sus veranos en Valencia, que muchas familias de la ciudad han construido vínculos afectivos que en algunos casos perduran años, y que el Ayuntamiento ha mantenido su compromiso incluso en épocas de austeridad presupuestaria.

En un contexto en el que la ciudad trabaja simultáneamente en múltiples frentes —desde la mejora de la convivencia vecinal hasta el impulso de proyectos de renaturalización urbana como el de San Agustín y sus alrededores— iniciativas como ‘Vacances en Pau’ recuerdan que la ciudad también tiene una dimensión solidaria que trasciende sus fronteras.

Para los valencianos interesados en participar como familias acogedoras en próximas ediciones, la asociación Al-Adala es el punto de contacto. La inversión en tiempo y afecto es considerable, pero quienes ya lo han vivido —como la madre de acogida de Fatma, que cada verano garantiza que la niña encuentre alimentos sin gluten— saben que la experiencia transforma tanto a quien acoge como a quien es acogido. Y eso, a fin de cuentas, es lo que sostiene este programa desde hace 30 años. Valencia, una vez más, demuestra que la solidaridad forma parte de su ADN.