Un grupo de una veintena de galápagos europeos (Emys orbicularis) ha vuelto a nadar en las aguas de la Marjal dels Moros, el humedal protegido que se extiende entre los municipios de Puzol y Sagunto, al norte del área metropolitana de Valencia. La reintroducción, llevada a cabo el pasado 30 de julio de 2026, es el resultado de un programa de cría y recuperación impulsado conjuntamente por la Vicepresidencia Tercera y Conselleria de Medio Ambiente, Infraestructuras, Territorio y de la Recuperación, y la Fundación BIOPARC, el brazo conservacionista del conocido zoo valenciano.
El acto de liberación tuvo un componente educativo especialmente significativo: fueron niñas y niños participantes en la escuela de verano de Bioparc Valencia quienes colocaron en el agua a los reptiles, convirtiendo un protocolo técnico en una experiencia de aprendizaje difícil de olvidar. Ver de cerca un animal que lleva décadas desapareciendo de los humedales valencianos y entender por qué merece protección es, probablemente, la mejor lección de educación ambiental que puede recibir un menor.

Dos años de cuidados antes de pisar el barro
El galápago europeo es una especie autóctona que se encuentra en situación amenazada en la Comunitat Valenciana, en buena parte por la pérdida de humedales y, sobre todo, por la presencia masiva de especies exóticas invasoras que compiten con ella. Para maximizar las posibilidades de supervivencia de los ejemplares liberados, estos no fueron soltados nada más nacer: durante sus primeras etapas de vida permanecieron bajo cuidados veterinarios especializados en dos instalaciones, Bioparc Valencia y el Acuario de Gijón, hasta alcanzar el tamaño suficiente para enfrentarse al medio natural con garantías.
Este método, conocido como headstarting o arranque acelerado, consiste en criar a los animales en cautividad durante los meses o años más vulnerables de su vida para reducir la mortalidad temprana, que en la naturaleza es altísima. Solo cuando los galápagos superaron el tamaño crítico se consideró que estaban listos para su regreso a la marjal.
La Marjal dels Moros es uno de los humedales costeros más importantes del litoral valenciano, un espacio natural protegido que alberga una rica comunidad de aves acuáticas y especies vegetales y animales ligadas al agua dulce. Su proximidad a Valencia y a municipios como Sagunto la convierte en un laboratorio natural a escasos kilómetros de cientos de miles de vecinos, aunque la mayoría los desconozca. Iniciativas como ésta contribuyen a que ese patrimonio natural siga vivo, y también a que los ciudadanos de la comarca lo valoren y lo sientan propio. En esa misma línea, la Albufera también avanza en su protección con estudios que medirán cuánta presión humana puede soportar sin deteriorarse.
Un convenio que va más allá de soltar tortugas
La reintroducción no es una acción aislada, sino parte de un convenio de colaboración estable entre la Generalitat y la Fundación Bioparc. El acuerdo cubre distintas líneas de trabajo centradas en fauna de agua dulce y en animales que conviven en entornos urbanos y periurbanos, es decir, en los espacios verdes, parques y riberas que rodean las ciudades valencianas. El convenio incluye recuperación de poblaciones, protección de hábitats y campañas de sensibilización ciudadana.
Ese último punto tiene una importancia práctica nada desdeñable: muchos de los galápagos exóticos que hoy colonizan los humedales valencianos llegaron porque sus dueños los soltaron cuando crecieron demasiado o dejaron de parecer simpáticos. La tortuga de Florida (Trachemys scripta), omnipresente en los estanques de los parques urbanos, es el ejemplo más conocido. Una vez en la naturaleza, estas especies foráneas desplazan al galápago europeo al alimentarse de sus mismos recursos y ocupar sus zonas de asoleamiento.
La batalla contra las especies invasoras, clave para el éxito
La Conselleria de Medio Ambiente trabaja en paralelo en programas de captura y retirada de galápagos exóticos en los humedales de la Comunitat. No tendría demasiado sentido liberar ejemplares autóctonos si el espacio receptor está saturado de competidores invasores. Por eso, el control de estas especies es la otra cara de la misma moneda: sin reducir la presión de los galápagos exóticos, las probabilidades de éxito de las reintroducciones se reducen drásticamente.
Esta estrategia integral, que combina reintroducción, control de invasoras, seguimiento científico y educación ambiental, refleja cómo ha evolucionado la conservación de la naturaleza en las últimas décadas. Ya no basta con proteger un espacio sobre el papel; hace falta gestión activa y continua. En ese sentido, la colaboración entre instituciones públicas y entidades privadas como Bioparc resulta esencial para mantener la biodiversidad de los ecosistemas valencianos, del mismo modo que la Generalitat y la UPV trabajan juntos para preservar variedades agrícolas autóctonas amenazadas de desaparecer.
Qué significa para los vecinos de la comarca
Para los habitantes de Puzol, Sagunto y los municipios del Camp de Morvedre, la Marjal dels Moros es un espacio natural que forma parte de su paisaje cotidiano. La presencia de galápagos europeos en sus aguas es un indicador de salud ecológica: si estos animales prospera, significa que el humedal funciona bien. Y un humedal que funciona bien filtra el agua, frena inundaciones, alberga aves y ofrece un espacio de disfrute y contacto con la naturaleza a los vecinos de la zona.
Además, el hecho de que niños de la escuela de verano de Bioparc hayan protagonizado la suelta refuerza el vínculo entre la infancia valenciana y su entorno natural, algo que los programas educativos con componente vivencial han demostrado ser mucho más efectivos que cualquier lección teórica. Un niño que ha puesto en el agua a un galápago europeo difícilmente comprará ni soltará una tortuga invasora cuando sea adulto.
El programa continuará en los próximos años con nuevas liberaciones y con el seguimiento de los ejemplares ya introducidos, para comprobar su adaptación y su integración en la población silvestre. La Marjal dels Moros, con sus cañaverales, sus láminas de agua y ahora también con sus nuevos galápagos, sigue siendo un patrimonio natural que merece ser conocido y cuidado por todos los valencianos. Iniciativas de este tipo recuerdan que la recuperación del medio natural requiere esfuerzo sostenido, y que cuidar el entorno natural valenciano exige inversión y compromiso a largo plazo.

