Un proyecto de investigación quiere recuperar y potenciar los tomates autóctonos de la Comunitat Valenciana
El tomate de toda la vida, ese que los agricultores de la Vall d’Albaida han cultivado durante generaciones y que hoy cuesta encontrar en los supermercados, está en el centro de una iniciativa conjunta entre la Conselleria de Agricultura, Agua, Ganadería y Pesca y la Universitat Politècnica de València (UPV). El objetivo es claro: recuperar, conservar y mejorar genéticamente las variedades tradicionales de tomate valencianas para que resulten más rentables para el agricultor y más atractivas para el consumidor que cada vez busca productos locales y de calidad.

El pasado 28 de julio, la Estación Experimental Agraria de Llutxent, en la comarca de la Vall d’Albaida, acogió la Jornada Tècnica Millora Genètica de Varietats Tradicionals de la Tomaca, un encuentro que reunió a investigadores, técnicos agrícolas, estudiantes y agricultores de la zona. La iniciativa nace de la colaboración entre el Servicio de Transferencia Tecnológica de la Conselleria y el Grupo de Conservación y Mejora de Variedades Tradicionales Valencianas (COMAV) de la UPV, referente en el estudio del patrimonio vegetal autóctono.
Qué significa esto en el campo y en la mesa
Para entender de qué hablamos en términos prácticos: estas variedades tradicionales son tomates que tienen sabor, historia y singularidad, pero que a menudo generan problemas en el campo porque no están adaptados a los sistemas de cultivo actuales, son menos productivos o más vulnerables a enfermedades. Lo que hace este programa de mejora genética es, precisamente, trabajar esas debilidades sin sacrificar lo que hace especial a cada variedad: su aroma, su textura, su perfil nutricional y su identidad local.
Las estrellas de esta edición han sido cinco variedades con denominación de origen municipal: Agullent, Benissoda, Fontanars dels Alforins, Ontinyent y Quatretonda. Cinco nombres que, para cualquier valenciano, suenan a territorio conocido, a mercado de pueblo, a huerta familiar. Y precisamente en eso radica el valor de lo que se está construyendo en Llutxent: en traducir la identidad gastronómica del territorio en una oportunidad económica real para las explotaciones agrarias.
La jornada incluyó una visita a las parcelas experimentales donde los asistentes pudieron comparar directamente los materiales originales con las líneas mejoradas obtenidas tras los programas de selección. Ver sobre el terreno cómo un tomate mejorado crece mejor, produce más y mantiene sus cualidades es, en muchos casos, el argumento más convincente para que un agricultor se decida a apostar por estas variedades.
La ciencia al servicio del campo, no al revés
El director general de Política Agraria Común, Ángel Marhuenda, que inauguró el acto, subrayó que la investigación solo tiene sentido si llega a las explotaciones. En sus propias palabras, la colaboración entre ciencia, administración y sector agrario es esencial para que el conocimiento se transforme en oportunidades reales para los agricultores. Una declaración que, más allá del protocolo, recoge una demanda histórica del campo valenciano: que la universidad investigue lo que el agricultor necesita y que la administración actúe de puente entre ambos.
La conferencia central de la jornada corrió a cargo del doctor Salvador Soler Aleixandre, catedrático de Producción Vegetal e investigador del COMAV de la UPV. Soler abordó en profundidad los objetivos de los programas de mejora genética, la caracterización de las variedades y, sobre todo, las posibilidades reales que ofrecen estos tomates mejorados en términos de calidad agronómica, organoléptica y nutricional. Dicho en cristiano: que estén buenos, que aguanten bien el cultivo y que aporten valor al que los produce y al que los consume.
Este tipo de iniciativas tiene también una lectura directa para el consumidor urbano. En Valencia ciudad, la tendencia hacia los productos de proximidad y de temporada no deja de crecer. Iniciativas como Valencia Cuina Oberta o el auge de los mercados locales reflejan ese apetito por lo auténtico. Si estos programas de mejora funcionan, los tomates de Ontinyent o Quatretonda podrían acabar en las cocinas de los mejores restaurantes valencianos o en los puestos del Mercado Central, con todo el valor añadido que eso implica.
Biodiversidad y rentabilidad, dos caras de la misma moneda
Detrás de este proyecto hay una apuesta estratégica que va más allá de la nostalgia por el tomate de antes. La pérdida de variedades agrícolas tradicionales es un problema real y documentado: cuando desaparece una variedad, desaparece con ella una parte del acervo genético que podría ser clave en el futuro para responder a enfermedades, cambios climáticos o nuevas demandas del mercado. Conservar y mejorar estas variedades es, en ese sentido, una inversión a largo plazo que beneficia al conjunto de la sociedad.
Al mismo tiempo, para el agricultor de la Comunitat Valenciana, la posibilidad de diferenciarse del cultivo intensivo con variedades locales de calidad representa una vía de diversificación y de mejora de márgenes. No compiten en precio con el tomate industrial; compiten en identidad y en valor, un terreno en el que tienen todas las ventajas.
La colaboración de la Generalitat con las universidades valencianas en proyectos de esta naturaleza sigue una línea de trabajo que, en este caso, tiene un impacto directo sobre el territorio rural y su economía. Que la UPV y la Conselleria hayan elegido Llutxent y las variedades de la Vall d’Albaida como protagonistas de esta edición no es casualidad: es un reconocimiento al potencial hortícola de una comarca que históricamente ha sido productora de calidad.
Próximos pasos
La jornada de Llutxent es, según la Conselleria, una actividad dentro de un proceso más amplio de transferencia de conocimiento al sector. Los materiales mejorados que se están desarrollando en colaboración con el COMAV deberán pasar todavía por fases adicionales de evaluación antes de estar disponibles para los agricultores. Pero el camino está trazado, y los primeros resultados, visibles ya en las parcelas experimentales, apuntan en la dirección correcta.
En un momento en que el debate sobre la sostenibilidad y el respeto al entorno natural está en el centro de la agenda pública, recuperar el patrimonio genético de nuestros tomates tradicionales es también una forma de construir un modelo agrícola más resiliente, más diverso y más conectado con la identidad del territorio valenciano.

