La bendición de animales en la calle Sagunt, el desfile y el tradicional porrat que cada enero llenan el norte de Valencia de calor popular están a un paso de convertirse en Fiesta de Interés Turístico Nacional. El pleno del Ayuntamiento de Valencia elevará en los próximos días una solicitud formal al Ministerio de Industria y Turismo para que inicie los trámites de esa declaración, después de que todos los grupos políticos —sin excepción— dieran luz verde a la propuesta en la Comisión de Hacienda, Participación, Economía, Innovación y Grandes Proyectos.
Que la medida haya salido por unanimidad no es un detalle menor. En un consistorio donde el consenso escasea, el respaldo unánime a la festividad organizada por la Real Hermandad de Sant Antoni Abad de València refleja el peso real que esta celebración tiene en la ciudad: más de trece mil personas se congregan cada año en torno a sus actos principales, una cifra que la convierte en uno de los eventos de barrio con mayor convocatoria de toda la capital.

Casi un siglo de historia ininterrumpida
La festividad de Sant Antoni Abad en la calle Sagunt no es una invención reciente ni una apuesta de marketing turístico. Vinculada históricamente a la protección de los animales, lleva celebrándose de forma ininterrumpida desde hace casi un siglo. Para los vecinos del entorno —Benimàmet, Torrefiel, Rascanya, el propio eje de la calle Sagunt— es, sencillamente, parte del tejido identitario del barrio: el momento del año en que canes, gatos, caballos y todo tipo de animales desfilan hacia la bendición mientras las brasas de la hoguera tradicional calientan una tarde de enero.
Con los años, la programación ha crecido sin perder ese carácter íntimo. La bendición de animales sigue siendo el eje central, pero a su alrededor se han consolidado el desfile y el porrat —la feria de puestos callejeros— que alargan la fiesta y multiplican la afluencia de visitantes de otros barrios y de fuera de la ciudad.
Ya era fiesta provincial; ahora busca el escalón nacional
El camino burocrático hacia el reconocimiento nacional tiene un punto de partida sólido: en junio de 2019, la festividad ya fue declarada Fiesta de Interés Turístico Provincial de la Comunitat Valenciana. Ese aval autonómico es uno de los requisitos previos para solicitar el salto a la categoría nacional, junto con la acreditación de origen histórico, continuidad en el tiempo, valor cultural demostrable y capacidad real de atracción turística. Según el Ayuntamiento, la festa cumple todos y cada uno de esos requisitos.
La candidatura no llega con las manos vacías. Cuenta con un plan de difusión propio apoyado en medios de comunicación y redes sociales, con la colaboración de la Fundación Visit València —el organismo municipal que promueve el turismo en la ciudad— y con el compromiso explícito de la Hermandad de adoptar medidas para preservar el entorno urbano y monumental durante los actos, incluidas la bendición y la hoguera tradicional. En una ciudad que vive un debate constante sobre cómo compatibilizar el turismo con la calidad de vida del vecindario, ese último punto no es menor.
Qué significa para el vecino de Valencia
El reconocimiento como Fiesta de Interés Turístico Nacional abriría la puerta a una mayor visibilidad institucional, a fondos específicos de promoción y, en la práctica, a que la festividad aparezca en los circuitos turísticos nacionales con el mismo estatus que celebraciones de renombre en toda España. Para quien vive en el barrio, eso se traduce en más recursos para organizar la fiesta, más garantías de continuidad y, previsiblemente, más visitantes de fuera que descubran un rincón de Valencia que muchos turistas aún no conocen.
Valencia acumula en los últimos meses varios frentes abiertos en materia de cultura y turismo. Desde la actividad de la Ciutat de les Arts i les Ciències hasta la apuesta por preservar el patrimonio cultural de la Comunitat, la ciudad teje una red de reconocimientos que pretenden situar la cultura popular local en el mapa turístico europeo.
La Hermandad y las nuevas generaciones, clave del futuro
Uno de los argumentos más sólidos de la candidatura es precisamente el que los técnicos municipales han puesto sobre la mesa como garantía de futuro: la participación activa de nuevas generaciones en la organización y el desarrollo de la festividad. Sin relevo generacional, cualquier fiesta está condenada a convertirse en un recuerdo. Que los jóvenes del barrio sigan vinculados a la Hermandad y a los actos de Sant Antoni es, en este sentido, tanto un dato cultural como un argumento de peso ante el Ministerio.
La ciudad también ha sabido aprovechar el tirón de otras tradiciones populares para consolidar su imagen festiva. No en vano, Valencia es una de las pocas capitales europeas donde el calendario festivo tiene presencia internacional prácticamente durante todo el año, algo que la escena cultural y creativa local también contribuye a alimentar.
Próximos pasos
- El Pleno del Ayuntamiento de Valencia deberá ratificar formalmente el acuerdo adoptado en comisión.
- Una vez aprobado en pleno, el consistorio remitirá la solicitud oficial al Ministerio de Industria y Turismo.
- El Ministerio iniciará entonces el proceso de evaluación, que incluye informes técnicos y la consulta a organismos competentes.
- Si la declaración prospera, Sant Antoni Abad de la calle Sagunt pasaría a integrar el catálogo nacional de fiestas de interés turístico junto a celebraciones de toda España.
De momento, y mientras la tramitación sigue su curso, la Real Hermandad de Sant Antoni Abad ya prepara una nueva edición de la festividad que, con o sin sello ministerial, volverá a llenar de animales, fuego y convivencia el corazón del norte de Valencia. Como lleva haciendo, sin fallar, desde hace casi cien años. Un evento que, al igual que otros referentes locales como la Filmoteca d’Estiu en el Palau de la Música, demuestra que la cultura popular valenciana tiene fuerza propia y arraigo suficiente para competir en los grandes escaparates nacionales.

