La huerta de València tendrá garantizado su cuidado durante los próximos cinco años. El Consell Agrari Municipal (CAV) ha puesto en marcha el expediente para contratar un servicio de mantenimiento agrario que contempla desbroces, podas y limpieza de bordes de caminos, parcelas de titularidad pública y otros espacios situados en suelo no urbanizable del término municipal. El presupuesto reservado para este contrato asciende a 860.636,32 euros con IVA incluido, una cifra que refleja el alcance y la continuidad de una iniciativa pensada para actuar de forma preventiva antes de que aparezcan los problemas.

Qué trabajos se van a realizar y dónde
El servicio cubrirá aquellos espacios públicos que quedan fuera del circuito habitual de parques y jardines: márgenes de caminos rurales, parcelas municipales sin ajardinamiento y terrenos de uso público clasificados como suelo no urbanizable. En la práctica, esto significa que cuadrillas especializadas se encargarán de cortar la vegetación que crece sin control a los lados de las vías agrícolas, podar árboles y arbustos en zonas de riesgo y acondicionar terrenos que, por abandono o acumulación de maleza, pueden convertirse en focos de peligro.
El objetivo no es meramente estético. La vegetación descontrolada en entornos rurales periurbanos supone tres amenazas concretas: riesgo de incendio en los meses de calor, proliferación de plagas que afectan a los cultivos cercanos y deterioro de las condiciones de trabajo de los agricultores que utilizan esos caminos a diario. Para quien vive o trabaja en la huerta valenciana, un camino intransitable o una cuneta llena de matorrales secos no es un problema menor; puede traducirse en pérdidas económicas o en situaciones de peligro real.
Cinco años de planificación frente a la improvisación
El presidente del Consell Agrari Municipal, José Gosálbez, ha querido subrayar la filosofía de fondo de esta medida: la prevención frente a la reacción. Según sus palabras, la huerta no se protege cuando aparece el problema; se protege mucho antes, con planificación, con mantenimiento y con inversiones útiles
. La duración del contrato, cinco años, no es un detalle menor. Garantizar la continuidad del servicio evita los típicos baches en el mantenimiento que ocurren cuando los contratos son cortos o se renuevan con retrasos.
Gosálbez ha insistido en que este tipo de actuaciones son una herramienta fundamental para actuar antes de que los problemas aparezcan
y ha destacado que cuando la Administración hace su trabajo a tiempo, todos salen ganando
. Para los vecinos de los barrios y pedanías que conviven con la huerta, como Campanar, Benimàmet, Patraix o las pedanías del norte y el sur, este contrato se traduce en entornos más seguros y en una apuesta real por preservar el paisaje agrícola que rodea la ciudad.
Un patrimonio que necesita gestión cotidiana
La huerta valenciana es mucho más que un espacio de producción agrícola. Es un ecosistema cultural y medioambiental reconocido internacionalmente, que convive con la presión urbanística y con los efectos del cambio climático. El mantenimiento de sus márgenes y caminos es una de las tareas más invisibles pero más necesarias para que ese entorno siga siendo viable.
En este contexto, el Consell Agrari ha señalado que las actuaciones previstas contribuirán también a mejorar el estado de conservación del entorno rural del término municipal en su conjunto, facilitando el trabajo diario de los agricultores y reduciendo los riesgos derivados de la acumulación de biomasa seca durante los meses de verano. Precisamente en una ciudad como Valencia, donde el riesgo de incendio forestal y la gestión del territorio periurbano son cuestiones de máxima actualidad, este tipo de contratos gana especial relevancia. Cabe recordar que el Ayuntamiento ya ha tomado medidas similares en otros frentes, como la poda preventiva del arbolado urbano en distintos puntos de la ciudad.
El Consell Agrari, más activo tras la riada
El anuncio llega en un momento en que el organismo municipal de agricultura está especialmente activo. Tras las devastadoras inundaciones del otoño de 2024, el Consell Agrari tramitó más de 200 solicitudes para recuperar parcelas afectadas por la riada. Ahora, con este nuevo contrato, la institución da un paso adelante en la gestión ordinaria del territorio, combinando la reconstrucción con el mantenimiento estructural a largo plazo.
La iniciativa conecta además con una visión más amplia de la sostenibilidad del entorno natural de Valencia. En paralelo, la ciudad también trabaja en la medición de la capacidad de carga de l’Albufera para proteger su ecosistema, lo que muestra una tendencia general del Ayuntamiento hacia una gestión más planificada y científica del territorio.
Qué supone para el vecino de Valencia
Para quien no trabaja directamente en el campo, este contrato puede parecer algo lejano. Sin embargo, sus efectos son muy tangibles. Un sistema de caminos rurales bien mantenido facilita el acceso de vehículos de emergencia en caso de incendio. Una huerta libre de plagas significa productos locales de mayor calidad. Y un entorno periurbano cuidado mejora la calidad de vida de miles de vecinos que utilizan esos espacios para pasear, practicar deporte o simplemente disfrutar del paisaje que rodea la ciudad.
Con una inversión de algo más de 172.000 euros anuales de media, el Consell Agrari apuesta por un modelo de gestión continuada que, según sus responsables, resulta siempre más eficaz y económico que intervenir de urgencia cuando el deterioro ya es grave. Una lógica que, dicho así, resulta difícil de rebatir. En Valencia, donde la huerta es parte de la identidad colectiva, mantenerla en condiciones no debería ser opcional.

