Las víctimas del terrorismo, maestros en los institutos valencianos
Que un superviviente o familiar de una víctima del terrorismo entre en un aula y cuente en primera persona lo que vivió tiene un impacto que ningún libro de texto puede replicar. Esa es la apuesta central del programa Memoria y Prevención del Terrorismo en las Aulas de la Comunitat Valenciana, una iniciativa conjunta de la Conselleria de Justicia, Transparencia y Participación y la Conselleria de Educación, Cultura y Universidades que acaba de presentar sus datos acumulados desde que arrancó.
El balance es significativo: cerca de 18.500 estudiantes y 450 docentes de centros educativos valencianos han participado en el programa desde su puesta en marcha. Una cifra que habla de una implantación real en las aulas y no de un proyecto piloto testimonial.

Qué es exactamente y cómo funciona en los institutos
El programa nació a partir de una propuesta estatal de los ministerios de Interior y Educación, pero la Comunitat Valenciana ha desarrollado lo que las propias instituciones denominan un ‘modelo valenciano’, con una estructura pedagógica propia que va más allá de lo que inicialmente planteó Madrid.
En la práctica, el programa se articula en tres patas. La primera es la formación del profesorado, desarrollada junto a la Fundación de Víctimas del Terrorismo, para que los docentes sepan cómo abordar esta materia sin caer en el morbo ni en la superficialidad. La segunda son las unidades didácticas, siete en total, diseñadas por expertos con el respaldo del Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo, y pensadas para alumnos de 3.º y 4.º de la ESO y Bachillerato. La tercera, y quizás la más poderosa, es la presencia directa de víctimas educadoras en las aulas: personas que han sufrido el terrorismo en carne propia y que deciden compartir su historia con adolescentes valencianos.
Hasta la fecha, una veintena de víctimas educadoras han participado en este programa en la Comunitat. Su testimonio, según destacan desde la Conselleria, no solo explica las consecuencias del terrorismo sino que proyecta un ejemplo de dignidad y resiliencia que cala de forma distinta en los jóvenes.
Curso 2025-2026: 40 centros, tres provincias y más de 3.000 alumnos
En el último curso académico, el programa ha alcanzado 40 centros educativos repartidos por toda la Comunitat: 18 en la provincia de Alicante, 16 en Valencia y 6 en Castellón. En total, 3.193 alumnos y 78 docentes han participado en esta edición, lo que representa un avance respecto a cursos anteriores y confirma la tendencia de crecimiento progresivo del proyecto.
Para un vecino de Valencia, estos números significan que probablemente algún instituto del barrio o de la ciudad ha acogido ya esta experiencia. Y si no ha sido así todavía, la expansión territorial del programa apunta a que es cuestión de tiempo.
Por qué importa esto más allá del aula
En un contexto en el que los jóvenes que hoy estudian en secundaria no habían nacido cuando ocurrieron los atentados del 11-M o los últimos grandes atentados de ETA, el riesgo del olvido es real. El programa responde precisamente a esa brecha generacional: no se trata de dar una lección de historia, sino de construir un vínculo emocional e intelectual con lo que supone la violencia terrorista para una sociedad democrática.
La apuesta de la Generalitat Valenciana va también en línea con otras inversiones en educación y tejido social que el gobierno autonómico está promoviendo. Igual que la Generalitat apoya el deporte en las universidades valencianas para reforzar el bienestar del alumnado, aquí la apuesta es por la educación en valores como eje transversal del sistema educativo.
El componente de prevención también es fundamental. El programa no mira únicamente al pasado: tiene una dimensión orientada a la prevención de la radicalización entre los jóvenes, algo especialmente relevante en un entorno donde las redes sociales pueden ser vehículo de discursos extremistas. Escuchar a alguien que ha perdido a un familiar en un atentado tiene un efecto de vacuna frente a cualquier romanticización de la violencia política.
El papel de las asociaciones de víctimas
Un elemento que distingue este programa de otros similares es la estrecha relación con las asociaciones y entidades de víctimas del terrorismo, que no son un recurso puntual sino agentes activos del proyecto. La Conselleria de Justicia financia parte de sus actividades a través de líneas de subvención específicas, lo que permite que la colaboración sea estructural y no dependa de la voluntad puntual de cada curso.
Esta sinergia entre administración, educadores, víctimas y alumnado es precisamente lo que diferencia el enfoque valenciano y lo sitúa, según los datos de implantación, como referente a nivel nacional dentro de este tipo de iniciativas educativas.
La Comunitat Valenciana demuestra así que la memoria no es solo una asignatura pendiente del pasado, sino una herramienta activa para construir el presente. Y que los mejores maestros de democracia a veces no están en los libros, sino en las personas que más han sufrido su ausencia. En una región que también conoce de primera mano el peso del duelo colectivo, como recordó la apuesta de Valencia por programas de convivencia y paz, este tipo de iniciativas encuentran un terreno especialmente fértil.

